miércoles, 9 de diciembre de 2009

La Diosa oscura

Patrona del cambio, la muerte y la regeneración

Palabra clave: Renacimiento.
Nombres asociados: Diosa madre, útero-tumba, vientre universal, reina de los ciclos vida-muerte-vida, Diosa negra, Señora del Mundo Subterráneo, fuente de la vida.
Arquetipos asociados: Kali, Hécate, Serpiente arcoiris, Isis negra, Gorgona, Ceridween, Ixchel, Coatlicué, Tlazolteotl, Bachué, Diosa Poesía, Las furias, Las Esfinges, Las Sirenas.
Fase de la luna: Luna nueva.
Animales totémicos: Serpiente, araña, lechuza, pantera, dragón.
Energías dinámicas: energías dirigidas hacia el interior.
Características asociadas: No manifiesto, gestación, cueva, unidad, origen, cambio, esquemas, universo, potencial espiritual, renacimiento, absorción, desenmarañar, instinto, oráculo, profecía, consejo, sabiduría, encuentro con la sombra, pivote, verdad interior.
Tema: La conexión con el origen no manifiesto donde el masculino y el femenino aún no se han separado. El retorno a la fuente de la vida y de la muerte, a la Gran Madre Universal donde Todo es Uno y Uno es Todo.
Misión del arquetipo: Confesarnos ante la Diosa madre, para obtener de ella muerte y renacimiento.

Diosa oscura Luz:
Descendemos a la oscuridad más profunda de nuestro Ser, más allá del bien y del mal. Sentimos, en el cuerpo, dónde se alberga la sombra, aceptamos que está ahí, que existe, permitiéndole expresarse plenamente hasta hacernos uno con ella. Con autoridad espiritual, invocamos la llama violeta de la transmutación pidiéndole que transmute la oscuridad en luz, el mal en bien, el dolor en amor, la confusión en claridad, el odio en compasión, lo negativo en positivo, los sentimientos, pensamientos o situaciones que nos hacen daño en sentimientos, pensamientos y situaciones que nos traigan salud, armonía, equilibrio y bienestar.


Diosa oscura sombra:
El descenso a la oscuridad nos consume, nos devora. De allí no salimos renovados ni renacidos sino desprovistos de nuestra energía vital. Hemos exorcizado aquello que nos hace daño, pero sin realizar la tarea completa, que siempre ha de concluir con el conjuro. Así, la sombra volverá a buscarnos una y otra vez, hasta que comprendamos el cambio que nos exige, hasta que dejemos de verla como una enemiga y comencemos a verla como una aliada, como la máscara de la Gran Diosa Madre que nos enseña de qué debemos cuidarnos, como un amenazador perro guardián que está al servicio de nuestra protección, y ante quien debemos imponernos con autoridad.


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