domingo, 6 de diciembre de 2009

El símbolo del andrógino, según Analía Bernardo

Analía Bernardo


Por Analía Bernardo, de su libro "Deirdre, la Diosa del Amor"

Buscar la "media naranja" y con ella unirse para completarse es una popular metáfora del amor de pareja cuyo origen se remonta al mito del andrógino bisexual dividido. Según esta metáfora pensamos que el género femenino posee características lunares, sensibles, pasivas; y el masculino las activas, solares e intelectuales. Y cuando una mujer activa alguna energía solar decimos que se “masculiniza” y cuando el varón activa la lunar se “feminiza”, para obtener una imagen interna andrógina integrada por las dos polaridades.
Históricamente, las mujeres hemos proyectado sobre los varones potencialidades físicas, psíquicas y espirituales propias que no eran reconocidas, ni podían desarrollarse en los estrechos roles femeninos que el patriarcado nos adjudicó durante tanto tiempo. De ahí, las confusiones que aún se producen cuando creemos que adquirimos actitudes masculinas ajenas a la feminidad pero necesarias para desenvolverse en el mundo del trabajo o la profesión.
Psicólogas neo-junguianas, como Jean Shinoda Bolen, han reformulado la teoría de Carl Jung sobre el “ánimus masculino” de la mujer y el “ánima femenina” del varón que el psicólogo suizo creo para expresar la androginidad interna en cada persona. Estas psicólogas indican que las mujeres poseemos energías psíquicas solares netamente femeninas que activadas y utilizadas como parte integrante de la psiquis hacen de cada mujer una persona pensante, autónoma y asertiva. En este sentido, el ánimus en la mujer más bien representaría una imagen patriarcal internalizada, o bien conductas masculinas patriarcales que las mujeres adoptamos para ser aceptadas en ámbitos profesionales, intelectuales, religiosos, científicos, etc.
Por otro lado, las energías lunares no siempre son reconocidas en toda su magnitud. Las mujeres que las expresaron abiertamente fueron perseguidas y consideradas peligrosas brujas o incurables locas. Lo lunar posee aspectos muy profundos de vinculación con el inconsciente, donde la intuición, las emociones y las percepciones no racionales son algo más que una sensiblería fugaz e impalpable. Al reflexionar sobre la cualidad de “La Estrella” matutina y vespertina que Inanna, Ishtar y Al Zuhara poseen, la psicóloga junguiana Silvia Brinton Perera expresa que la Diosa actuaba en las regiones intermedias, simbolizando el pasaje por las fronteras y los cruces; la creatividad y el cambio; las dichas y las dudas que acompañan a una conciencia flexible, juguetona, no rígida ni fija (1). Con esta cualidad de la estrella venusina las energías solares y lunares interactúan y se equilibran.
Haciendo estas correcciones, advertimos que la androginidad de la pareja Diosa-Dios es mejor apreciada cuando reconocemos que por separado ambas deidades no son mitades sino seres completos; cada uno con autonomía y poder. Los mitos y símbolos de la Diosa del Amor que analizamos así lo confirman, y como vimos, el arquetipo femenino no sólo es lunar, también es solar, consciente de lo que quiere y de lo que busca. La Diosa es cortejada por el amante pero también ella lo corteja y atrae con la luz de su ser íntegro.
Por su parte, el Dios amante no es un impotente carente de arte y sensibilidad, tampoco un machista violento; sino un ser con el potencial masculino a pleno, rico en posibilidades. Cuando ambas totalidades se encuentran la vida en todas sus dimensiones florece, crece y madura. Este hierosgamos, al igual que la metáfora de la androginidad, suponen al principio, el equilibrio interno de las polaridades solares-lunares en el ser femenino y en el masculino para luego ampliar la metáfora del andrógino en la fusión amorosa y mística de ambos. Insistimos en señalar que el aspecto solar de la Diosa -y de la mujer- no es un atributo masculino adquirido, sino que conforma junto al lunar su esencia femenina arquetípica.
Que Deirdre, Lakshmi o Afrodita manifiesten aspectos solares y sus amantes los lunares no invalida la totalidad de cada uno. En el mito se ha resaltado un aspecto para expresar la conjunción de las polaridades. Para Mircea Eliade la androginidad significaba mucho más que la coexistencia de los dos sexos en un solo ser. Era una fórmula arcaica para expresar la totalidad: la coincidencia de muchos o de todos los diferentes complementarios. Para este investigador la androginidad con la que eran representados Cibeles, Dioniso, Afrodita o Adonis expresa que la vida brota de una totalidad, de una deidad completa en sí misma sin dejar de ser particularmente femenina o masculina. Las deidades agrícolas eran fuentes de sacralidad y de poder y su androginidad las confirma como tales. De esta manera, tanto el hierosgamos de la pareja divina como la androginidad de las diosas y dioses por separado, se vuelve una fórmula general para expresar autonomía, fuerza y totalidad. Decir que una divinidad es andrógina, expresa Eliade, equivale al ser total (2).
El andrógino que tantas tradiciones místicas han representado con una pareja de dioses integrando un mismo cuerpo se refiere no sólo a las relaciones y vínculos posibles entre mujeres y varones. Expresan un proceso interno de búsqueda, encuentro y unión con el Yo Superior o Sí Mismo, según la expresión junguiana. El Yo Superior permanece temporalmente oculto a la conciencia ordinaria de la persona recluido en el inconsciente, generalmente enmascarado o distorsionado por la impactante presencia de la Sombra. Pero atravesados los desafíos exigidos por la Sombra a través alguna práctica chamánica o psicológica-espiritual, la conciencia comulga con el Yo Superior y la persona experimenta una nueva integración en su ser. La percepción del Yo Superior no siempre tiene que estar simbolizada con la bisexualidad andrógina. Para las mujeres, por ejemplo, el encuentro de la conciencia con el Yo Superior puede identificarse con la imagen de la Madre-Hija arquetípica o con las diosas gemelas. Para Brinton Perera, el retorno de la Diosa a la conciencia femenina significa esta vinculación con el Yo Superior, que es el centro regulador de la personalidad y el arquetipo de totalidad.


Sobre la Autora

Analía Bernardo nació en Mendoza en 1958. Es docente, periodista y escritora. Participa del movimiento de la Diosa en Argentina, se formó con Ethel Morgan quien fue pionera de la espiritualidad femenina en Argentina. Desde hace una década enseña la tradición de la Diosa y de los arquetipos femeninos en talleres presenciales y a distancia como son “La Triple Diosa en cada mujer”, “La Sabiduría de los Sueños”, “Arquetipos y Estereotipos Femeninos”, “Mitos y Relatos para mujeres”, “La Sangre Femenina” junto a Myriam Wigutov. Ha publicado artículos, ritos y poemas sobre lo Sagrado Femenino con mirada de género en La Barca, Mithos, Con-Spirando, El Caldero, Milenia, La Tertulia, La Morada, Mujeres de Empresa, en el suplemento Triple Jornada y Las 12 y en el portal Agenda de las Mujeres, la Agenda de las Mujeres 2000, 2001, 2002, 2003 y 2004 (edición gráfica), la Arboleda de las Hijas de Gaia y El Círculo de Mujeres, entre otros sitios de internet. Y es autora de otros libros digitales: “Eurínome, la Diosa Creadora”, “Deirdré y la Diosa del Amor”, “Esfinge, Gorgonas y Sirenas, las desafiantes del lado oscuro” y “Diosas y Chamanas, orígenes de las Brujas”. Como bruja urbana y facilitadota de lo Sagrado Femenino trabaja con las diosas de la Cuaternidad Femenina presentes en el ciclo menstrual, en los sueños, utiliza varios tarot y juegos de cartas para descubrir los arquetipos guías. Para comunicarse con ella o solicitar sus libros: analiabernardo@yahoo.com

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